Columna web - Día Internacional de la Mujer #8M
Por Celeste Navarro, soprano 2 del Coro Juvenil Sinfonía por el Perú.
¡Hola! Soy Celeste Navarro, integrante del Coro Juvenil Sinfonía por el Perú, y llevo ya siendo parte de la organización más de 7 años. Durante este largo tiempo, sé que definitivamente la práctica musical ha sido clave en el desarrollo de mi autoestima, autonomía y percepción del autocuidado, siendo la música un espacio donde constantemente me enfrento a desafíos y cada meta alcanzada refuerza mi confianza en mis capacidades; me recuerda que la disciplina y la perseverancia dan frutos.
El desarrollo de mi autonomía ha sido un pilar gracias a mi formación musical. Desde planificar mis sesiones de estudio hasta ordenar mi horario para los ensayos; esta me ha enseñado a confiar en mi criterio y a trabajar con independencia, habilidades que hoy aplico en todos los ámbitos de mi vida. Y en cuanto al autocuidado, la música me ha enseñado a escucharme, a comprender mi voz y mi cuerpo para rendir mejor, me ha hecho más consciente de la importancia del descanso, la gestión del estrés y el bienestar emocional. Y, más allá de estas cualidades, la música me ha dado herramientas invaluables como la resiliencia, la creatividad y la capacidad de trabajar en equipo. Me ha formado como una mujer que sabe adaptarse, que encuentra belleza en la disciplina y que convierte cada desafío en una oportunidad para crecer.
En mi camino de vida he notado desigualdades de género en algunos espacios, especialmente en áreas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). Aunque, cada vez hay más mujeres en estas carreras, aún existen sesgos que pueden hacer que tengamos que demostrar constantemente nuestras capacidades en entornos donde la presencia femenina sigue siendo minoritaria. En cuanto a otros espacios, he presenciado principalmente la crítica hacia la vestimenta de las mujeres, sobre todo cuando no se rige a lo que algunos consideran regla. Esto impide que ellas tengan la libertad de sentirse cómodas con las prendas que usan, por miedo a que las puedan acosar, criticar o incluso prohibirles la entrada a ciertos espacios en los que algunas reglas injustas se han visto institucionalizadas. Pero, a pesar de estos desafíos, he aprendido a convertir estas brechas en motivación para seguir creciendo, abrir caminos y compartir oportunidades con otras chicas y mujeres que puedan enfrentar situaciones similares.



En mi proceso de aprendizaje, he podido ver de cerca estereotipos de género dentro de la industria musical, al notar la mayor exigencia en el cuidado de la imagen pública de figuras femeninas conocidas, en comparación a sus contrapartes masculinas, como si lo único que importara fuera su belleza y no las capacidades y creatividad que adquirieron y poseen como artistas. Por otro lado, muchas posiciones de poder en esta industria, como las de propietario de discográfica, productor y director musical, son ejercidas por hombres, quienes en ciertos casos terminan cometiendo abusos de poder, coacción y otros delitos hacia artistas mujeres.
En ese sentido, para luchar contra los estereotipos de género, es fundamental visibilizar y apoyar a más mujeres en todos los roles, desde intérpretes y compositoras hasta productoras y directoras. La representación es clave: cuando una niña ve a una mujer dominando un instrumento históricamente masculinizado, o liderando una producción, entiende que ella también puede hacerlo.
También es importante generar espacios de formación inclusivos, donde no se asocien ciertos instrumentos o géneros musicales con un género en particular. Muchas niñas y jóvenes abandonan su interés por un instrumento porque desde pequeñas han escuchado frases como «ese instrumento es para hombres» o «toca algo más delicado». Romper con estos prejuicios desde la educación musical es esencial. Por eso, a una niña que enfrenta estos estereotipos, le diría que su talento y esfuerzo valen más que cualquier prejuicio, y que, si hay pocas mujeres en el camino que quieren seguir, ustedes sean las que abran paso. Su voz, su arte y su presencia importan, y el mundo necesita más personas valientes que toquen sin miedo lo que realmente quieren tocar.
Finalmente, considero que el Perú deber abordar sus políticas y estrategias de lucha por los derechos de la mujer de forma multisectorial, transversal, multiinstitucional, y en algunos casos incluso disidente. Nuestro país está habituado a que las mujeres tengan una actitud pasiva, las restringe al momento en el que reclaman por lo justo, causando que sean vistas como exageradas o demasiado dramáticas. De esta manera, las oportunidades para las mujeres, sobre todo en los lugares más marginados del Perú, son muy diferentes a las que tienen los hombres.
Creo fervientemente que el país debe enfocarse en la educación integral de las niñas y mujeres del Perú, abarcando ámbitos que nos desarrollarnos en una sociedad sin violencia y en donde vivamos en libertad. La educación es un arma que libera las mentes de quienes la reciben y que les brinda las herramientas necesarias para que luchen por sus ideales y objetivos. Ese es el futuro que vislumbro y en el que creo para las mujeres en el Perú, y en el mundo.
