Sonidos de la Frontera: Residencia en Leticia y conciertos
En el marco del proyecto binacional «Sonidos de la Frontera», 100 niñas, niños, adolescentes y jóvenes de Caballococha, Leticia y Puerto Nariño participaron en una residencia artística y dos conciertos territoriales que reafirmaron el poder de la música para fortalecer la integración, la convivencia y la identidad cultural amazónica.
Un espacio para la integración, aprendizaje y convivencia
Entre el 30 de junio y el 2 de julio de 2026, la ciudad de Leticia (Colombia) fue sede de la residencia artística binacional realizada en las instalaciones del Hotel Anaconda. La iniciativa reunió a 100 participantes de la región amazónica: 50 procedentes de Caballococha (Sinfonía por el Perú), 25 de Leticia y 25 de Puerto Nariño (Fundación Batuta de Colombia). Durante estas jornadas de convivencia y trabajo colaborativo, los jóvenes músicos unificaron criterios técnicos e interpretativos para consolidar un ensamble musical conjunto. El proceso no solo se enfocó en el desarrollo artístico, sino también en el bienestar emocional y la cohesión comunitaria. A través de un acompañamiento psicosocial fundamentado en referentes culturales amazónicos —como las metodologías «Lo que nos trajo el Whaxi» y «Tejiendo vínculos como el Wone»—, se promovieron espacios para la construcción de confianza, el respeto mutuo y el sentido de pertenencia al territorio compartido.
Revalorizando la identidad de la Amazonía
Bajo la dirección artística del maestro Ramón González, el ensamble preparó un repertorio compuesto por 10 obras con una duración de aproximadamente una hora. La propuesta musical integró cinco piezas del Cancionero de Sonidos de la Frontera —creado en la primera fase del proyecto— junto a cinco obras emblemáticas del patrimonio cultural de la región, tales como India Amazonense, Misterios del Amazonas y Yo nací libre. La interpretación incluyó canciones recopiladas en lengua ticuna relativas a la vida cotidiana en el territorio, acompañadas por el uso de instrumentos tradicionales que evocan la riqueza de los pueblos indígenas. Asimismo, durante las jornadas se compartió una muestra del recurso pedagógico Kanatari, diseñado para adaptar la enseñanza e iniciación musical al contexto social, cultural y ambiental de la Amazonía.






Conciertos en Caballococha y Leticia
El resultado del trabajo desarrollado en la residencia se presentó al público en dos conciertos territoriales que reunieron a cerca de 500 asistentes en total:
Concierto en Leticia (3 de julio): Realizado en el Auditorio de la Agencia Cultural del Banco de la República de Leticia, contó con la asistencia de cerca de 200 personas. Esta presentación tuvo como momento destacado la participación del maestro Pedro Bernal, reconocido compositor amazónico y autor de una de las obras interpretadas, quien compartió escenario con los jóvenes integrantes del ensamble.
Traslado fluvial y concierto en Caballococha (5 de julio): La delegación emprendió un recorrido navegando en bote rápido por el río Amazonas hacia la localidad de Caballococha (Perú). Allí se realizó la segunda presentación en el Instituto de Educación Superior Tecnológico Público Ramón Mariscal Castilla, congregando a más de 230 personas entre familias, autoridades locales, instituciones públicas y vecinos.
Ambas presentaciones contaron con la presencia de representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú, la Cancillería de Colombia, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y delegados de las organizaciones ejecutoras.








Comprometidos con el desarrollo humano y con la paz
Respecto a la trascendencia de este hito, Gabriela Perona, directora ejecutiva de Sinfonía por el Perú, destacó la relevancia de consolidar espacios de encuentro alrededor de las infancias:
«Hoy nos reunió la música, pero también algo más profundo: la certeza de que cuando una comunidad se encuentra alrededor de sus niños y niñas, de sus capacidades y de sus sueños, está sembrando futuro. La frontera no debe imaginarse como una barrera; puede convertirse en un puente de encuentro, cooperación y cultura compartida».
Por su parte, Beatriz Mejía, presidenta ejecutiva de la Fundación Nacional Batuta, resaltó el impacto formativo de la convivencia:
«Durante esta residencia artística, niñas, niños, adolescentes y jóvenes de Colombia y Perú construyeron mucho más que un repertorio. Compartieron historias, acentos, saberes, memorias y formas de ver el mundo. Descubrieron que, aunque viven a uno y otro lado de la frontera, comparten una misma casa común».
El proyecto «Sonidos de la Frontera» es una iniciativa ejecutada conjuntamente por Sinfonía por el Perú y la Fundación Nacional Batuta, desarrollada gracias al apoyo de los Ministerios de Relaciones Exteriores de Colombia y Perú, y con el financiamiento del Fondo Binacional para la Integración Fronteriza Perú–Colombia, administrado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). A través de la educación musical, el proyecto reafirma su compromiso con la protección del territorio, el diálogo intercultural y la generación de oportunidades para las nuevas generaciones.
